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El potencial rol de los biomarcadores en sepsis

El potencial rol de los biomarcadores en sepsis


  • Las primeras descripciones de sepsis se remontan a la antigüedad. Las teorías iniciales de enfermedades infecciosas promovidas por Hipócrates y Galeno permanecieron en gran medida sin respuesta hasta que Lister, Koch y Pasteur avanzaron rápidamente en el campo y dieron como resultado un cambio de paradigma en la forma en que vemos la sepsis. Sobre la base de su trabajo, los científicos del siglo XX han comenzado a desentrañar los misterios moleculares de la sepsis, lo que ha permitido una mejor comprensión de la fisiopatología de la enfermedad
  • En el 2016 el Grupo de Trabajo de las Definiciones de Sepsis (Sepsis Definitions Task Force) ha publicado el consenso SEPSIS-3 con las definiciones actualizadas de sepsis y shock séptico, el consenso define «sepsis» como «una disfunción orgánica potencialmente mortal causada por una respuesta disregulada del huésped a la infección». Esta nueva definición implica una respuesta no homeostática del huésped a la infección e incluye el concepto de disfunción orgánica, lo cual implica severidad, necesidad de diagnóstico y manejo precoz.
  • Aunque el hemocultivo se ha considerado durante mucho tiempo el estándar de oro para el diagnóstico de sepsis, y las técnicas innovadoras, como la espectrometría de masas MALDI TOF-MS (desorción/ionización láser asistida por una matriz con detección de masas por tiempo de vuelo) o la biología molecular han contribuido a mejorar considerablemente la tasa de detección de los microorganismos transmitidos por la sangre, el rendimiento diagnóstico de esta técnica sigue siendo limitado, típicamente alrededor del 40-60% para sepsis bacteriana, fúngica e incluso viral.
  • Este rendimiento diagnóstico insuficiente puede atribuirse en última instancia a muchos aspectos, solo por mencionar algunos: la alta tasa de resultados falsos negativos en pacientes sometidos a terapia antimicrobiana, la negatividad frecuente en pacientes con infecciones localizadas graves, así como algunas variables preanalíticas.
  • Existe evidencia de que las infecciones localizadas pueden ser causas importantes de sepsis, ya que los tejidos infectados o lesionados liberan activamente una amplia gama de mediadores inflamatorios y otras sustancias tóxicas que abruman las defensas antiinflamatorias compensatorias fisiológicas y finalmente causan una respuesta excesiva, prolongada y sistémica.
  • Recordemos que los biomarcadores idealmente deben cumplir algunas características como de ser medible, indicadores de la enfermedad, permitir la estadificación de la gravedad de la enfermedad; proporcionar información pronóstica; y predecir y controlar la respuesta clínica de una intervención terapéutica. Si seguimos esta línea, un biomarcador de sepsis idealmente permitirá hacer un diagnóstico temprano y preciso, para detectar específicamente la causa subyacente, para proporcionar información clínica útil sobre la gravedad y el pronóstico de la enfermedad, así como para influir en la administración de antimicrobianos.
  • Desafortunadamente, hasta ahora se han propuesto al menos 100 biomarcadores potenciales de sepsis, pero solo unos pocos de ellos han sido validados en la práctica clínica.
  • En comparación con las técnicas microbiológicas estándar, la medición de biomarcadores de sepsis, especialmente procalcitonina y presepsina, tiene algunas ventajas biológicas y técnicas.
  • La cinética de ambos biomarcadores es muy rápida en pacientes con sepsis, mostrando un aumento diagnóstico sobre los respectivos cortes ya detectables en 2 a 4 h, el pico alcanzado en 3 a 6 h, la vida media en la circulación comprendida entre 4 y 24 h, lo que permite un diagnóstico mucho más temprano que el uso de hemocultivos. Ambos biomarcadores se pueden medir con inmunoensayos comerciales rápidos y precisos
  • Debido a su respuesta biológica, que refleja la respuesta sistémica «no homeostática» del huésped en lugar de la infección del torrente sanguíneo, la medición de los biomarcadores de sepsis puede aumentar la eficiencia diagnóstica de las técnicas microbiológicas convencionales (hemocultivo) o emergentes (biología molecular), mejorando así el diagnóstico de muchas causas de casos de sepsis que luego permanecerían subdiagnosticadas, especialmente aquellas con infecciones localizadas graves o sostenidas por microorganismos menos comunes.
  • Si bien estas importantes ventajas aún no permitirían abandonar el hemocultivo, permiten el camino hacia un mejor enfoque de diagnóstico, que se combina en un algoritmo de signos y síntomas clínicos, biomarcadores de sepsis y pruebas microbiológicas.

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